La verdad
sobre los alimentos transgénicos.
Estimado profesor Velmont: Me interesaría
saber su opinión sobre los alimentos transgénicos, respecto
a los cuales hay tanta polémica. Concretamente, ¿son perjudiciales
a la salud o al medio ambiente?
Respuesta
Apreciada Cynthia: El ser humano
siempre ha tratado de modificar su ambiente, para bien o para mal. Y esto
es lo que lo diferencia de los animales. Así como el castor construye
siempre el mismo tipo de dique, el hombre pasó, desde los pequeños
y rudimentarios diques de madera, a las enormes represas que hoy son las
maravillas del mundo. Y lo mismo ha sucedido con los alimentos, ya que
existen diferentes posibilidades de mejora vegetal mediante la utilización
de la ingeniería genética.
No está de más que
haga aquí una acotación sobre la falacia psiquiátrica
de que “el hombre cuerdo es el que se adapta al mundo”. ¡El hombre
cuerdo es precisamente todo lo contrario! El hombre que se adapta al mundo
es poco menos que un animal.
La era de los denominados “alimentos
transgénicos”, para el consumo humano directo, comenzó el
18/5/94 cuando la Food and Drug Administration de Estados Unidos autorizó
la comercialización del primer alimento con un gen “extraño”,
el tomate “Flavr-Svr”, obtenido por la empresa Calgene.
A partir de este momento, se han
obtenido infinidad de vegetales con genes ajenos insertados, que se encuentran
en distintas etapas de comercialización, que abarcan desde lo que
ya representan un importante porcentaje de la producción total en
algunos países hasta los que están pendientes de autorización.
¿Por qué es importante
la obtención de vegetales transgénicos? Hay varias respuestas:
1) porque tienen una vida comercial más larga; 2) porque resisten
condiciones ambientales agresivas, como heladas, sequías y suelos
salinos; 3) porque resisten herbicidas; 4) porque resisten plagas de insectos;
5) porque resisten enfermedades; 7) porque tienen mejores cualidades nutritivas.
En el caso del tomate “Flavr Savr”,
fue modificado genéticamente para que resistiera más tiempo
después de madurar, evitando que produjera una enzima esencial en
el proceso de senescencia (envejecimiento).
En la soja, se introdujo un gen
que la hace resistente a un herbicida, el glisofato. En el maíz,
se logró genéticamente que sea resistente a un insecto, el
taladro del maíz, y a un herbicida, el glufosinato.
¿Pueden
producir alergias los productos transgénicos? La alergia
es una reacción exagerada del organismo contra una sustancia extraña
a él (por lo general una proteína). La soja, como cualquier
vegetal, tiene miles de proteínas extrañas para el hombre,
por lo que existen bastantes personas alérgicas a la soja, al maní,
a las fresas, etc. La soja transgénica tiene una proteína
más entre esas miles, por lo que el riesgo es mínimo. Y,
naturalmente, el riesgo desaparece por completo cuando la soja se procesa
para obtener aceite, lecitina, etc.
¿Son
los productos transgénicos peligrosos para el medio ambiente?
Al contrario, porque evita la utilización de herbicidas más
agresivos. El glisofato es un herbicida relativamente poco tóxico
y biodegradable, pero no es selectivo, por lo que no puede utilizarse con
cultivos de soja “normal”.
En cuanto al uso de los insecticidas,
reduce su uso, ya que afecta únicamente a los insectos perjudiciales
para la planta concreta. No puede tenerse en cuenta la reducción
de la población de insectos, en cuanto afecta a animales insectívoros
(aves, murciélagos) al privarles de sus presas, porque se trata
de un efecto muy poco importante, ya que solamente mata a aquellos insectos
que pretenden alimentarse a expensas de las cosechas.
¿Por
qué los fabricantes se oponen al etiquetado de los productos transgénicos?
En el caso de los productos como el tomate, es posible el etiquetado diferencial.
De hecho, los tomates Flavr Svr suelen etiquetarse uno por uno. La compañía
ganó en Estados Unidos el juicio contra los que querían obligarle
al etiquetado individual. Pero después de esto, decidió libremente
etiquetarlos, ya que consideraba (con razón) que su superior calidad
debía quedar evidente para los consumidores.
En el caso de la soja, el etiquetado
es prácticamente imposible. La soja se manipula a granel en cantidades
enormes, y ya muchas granjas mezclan las distintas variedades directamente
al cosecharlas. En los silos y barcos de transporte se mezcla aún
más. Además, en el caso de la soja que no se come como tal
(casi toda) esto no tiene la menor importancia, ya que, como dije, el aceite
que se obtiene no contiene material genético.
En el caso del maíz transgénico,
si se utiliza directamente su harina en la fabricación de alimentos,
el etiquetado es obligatorio, ya que es, en cierta forma, diferente del
habitual al contener la proteína de Bt. Si el maíz se utiliza
para obtener almidón, con el que luego se fabrica glucosa o fructuosa,
pretender el etiquetado de estos productos finales es absurdo, ya que son
absolutamente iguales, e indistinguibles por cualquier sistema, de los
obtenidos del maíz “no transgénico”.
¿Pueden
los alimentos transgénicos hacer que las bacterias se vuelvan resistentes
a los antibióticos? Para modificar el genoma de la planta
se utiliza el gen que se quiere insertar y otros genes auxiliares. Algunos
de estos genes auxiliares confieren resistencia frente a determinados antibióticos,
para poder seleccionar las células modificadas. Así, el maíz
modificado genéticamente tiene también el gen de la beta-lactamasa,
que confiere resistencia al antibiótico ampicilina.
Para que una bacteria patógena
se volviera resistente a este antibiótico sería necesario:
1) que el gen de resistencia al antibiótico se mantuviera intacto.
El procesado de los alimentos destruye el DNA. Consecuentemente, sería
necesario comer el maíz crudo. Esto descarta el problema en el caso
humano, y lo reduce a los animales cuando se utiliza este maíz como
pienso;
2) que el gen pudiera transferirse
a una bacteria. Aunque originariamente el gen de resistencia al antibiótico
procede de bacterias, su situación actual dentro del genoma vegetal
hace esto extremadamente improbable. Sería muchísimo más
probable que adquiriera ese gen de otra bacteria de las muchas presentes
en el tubo digestivo;
3) que existiera una presión
selectiva a favor de la bacteria que ha adquirido el gen de resistencia,
es decir, que el animal estuviera siendo tratado en ese momento con el
antibiótico.
Como precaución adicional
no se utilizan generalmente genes de resistencia a antibióticos
importantes en clínica humana o frente a antibióticos nuevos
que pudieran tenerla en el futuro. En todo caso, puesto que el gen de resistencia
al antibiótico no juega ya ningún papel en la planta transgénica,
si se considerara un riesgo, podría eliminarse. Puesto que “más
vale prevenir que lamentar”, la petición de esta eliminación
es bastante razonable.
En conclusión, las advertencias
a la consumición de alimentos transgénicos son más
interesadas que verdaderas. Naturalmente, esto no quita que debe exigirse
a las autoridades competentes una vigilancia estricta en esta cuestión.
La opinión positiva a los
alimentos transgénicos la hemos obtenido directamente de los Maestros
de Luz, y el tema lo hemos desarrollado teniendo en cuenta la recopilación
realizada por un grupo de profesores del área de Tecnología
de los Alimentos de la Universidad de Zaragoza, que nos ha parecido sumamente
objetiva, especialmente porque no sirve a ningún interés
comercial. Puedes consultar la página y ampliar lo que expuesto
aquí en http://milksci.unizar.es/transge.html
Para concluir con el tema, creo
que en este tipo de cosas siempre es necesario, por un lado, conservar
el buen juicio y, por el otro, tener en cuenta la solución óptima,
es decir, estar a favor de lo que procura el mayor bien para el mayor número
de dinámicas. Y los alimentos transgénicos, control gubernamental
mediante, cumple holgadamente esta premisa. Bienvenida al Club. Un fuerte
abrazo.
Horacio Velmont