La verdad
sobre las deudas kármicas.
Estimado profesor Velmont: Un cálido
saludo para usted y su grupo. He leído su excelente libro Enigmas
develados, pero no encontré nada sobre lo que yo considero un dato
importante, y es el referido a las deudas kármicas. Melbis dice
que la mejor manera de aprender nuestras lecciones y evolucionar es conociendo
el tipo de deuda kármica que nos une a una persona, a fin de “hacer
los cambios necesarios para modificar la energía negativa a una
vibración positiva, más ligera, y por lo tanto más
elevada”. Por eso me interesaría sobremanera saber más al
respecto. Desde ya le agradezco la deferencia.
Laurita K.
Respuesta
Voy a ser concreto en este tema:
no existen los lazos kármicos y por lo tanto tampoco existen las
deudas kármicas. Nadie, no importa lo que le haya hecho a otro,
se genera una deuda kármica. Cuando alguien le hace un daño
a otro se genera obviamente un karma, pero como el karma no es una deuda
con nadie, ni siquiera con uno mismo, sino una lección a aprender,
la consecuencia es que no le debe nada a quien dañó y ni
siquiera tampoco está en deuda consigo mismo. Estar en deuda significa
estar obligado a pagar y las lecciones karmáticas son optativas:
si uno las aprende, evoluciona; si no las aprende no evoluciona. Pero nadie
obliga a nadie a evolucionar. Ahora bien, ¿por qué cuándo
alguien daña a otro en una vida no contrae ninguna deuda kármica
que tenga que pagar en la vida siguiente? Simplemente porque en el escenario
de la vida, y a fin de aprender y evolucionar, cada uno de nosotros cumple
un rol, de la misma forma que los actores asumen un personaje en una obra
de teatro. Pero los roles o personajes no son reales sino una simple ficción.
Esta afirmación parecerá extraña, pero “padre”, “madre”,
“hijo”, “hermano”, “patrón”, “empleado”, “carpintero”, “albañil”,
etc., son meramente roles que desaparecen al desencarnar, porque en los
planos espirituales ? o, si se prefiere expresarlo en forma científica,
suprafísicos? no existen roles o personajes sino espíritus-actores
que han interpretado al encarnar esos roles o personajes. Con esta explicación,
después de dos mil años, se puede comprender las aparentemente
insólitas palabras de Jesús cuando dijo: “Quien no aborrece
a su padre y a su madre no podrá entrar en el Reino de los Cielos”,
con las cuales quiso dar a entender el error que significa apegarse a los
roles, que por definición son efímeros. No se generan deudas
kármicas entre los roles, de la misma forma que no se generan deudas
kármicas entre los personajes de ficción de una obra de teatro
o de un film. Con lo expuesto también queda debidamente aclarado
que nadie hereda el karma de nadie, ya que los karmas (lecciones a aprender)
son individuales. Bienvenida al Club. Un fuerte abrazo.
Horacio Velmont