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DE ENIGMAS DEVELADOS


 
La píldora del día después.


Estimado profesor Velmont: Soy estudiante avanzada de Derecho (5º año) y me ha sorprendido el fallo de la Corte Suprema al considerar abortiva a la “píldora del día después”, no sólo porque se aparta de las opiniones de prestigiosos científicos, sino porque fundamentalmente deja desprotegidos a los sectores más vulnerables de la población, mujeres y niños, y además soslaya el caso de los embarazos con violencia. Como he leído el interesante libro suyo “Enigmas develados”, que he recibido gratuitamente y desde ya le agradezco, estoy convencida de que su opinión tendrá validez para mí porque sus respuestas exhiben una realidad que está por sobre las creencias del común de la gente, tenidas por ciertas sin una investigación seria, e incluso defenestra muchos juicios de los científicos... ¿o debería decir pseudocientíficos? Lo saludo muy atentamente.

Cecilia R.
Respuesta


Desde ya te aclaro que la vida del ser humano no comienza con la concepción, por lo que el fallo de la Corte Suprema de la Argentina, declarando abortiva la llamada “píldora del día después”, es, además de irresponsable, lisa y llanamente criminal. Para la mayoría de los ministros del Alto Tribunal, la vida empieza en el momento en que un óvulo y un espermatozoide se unen y forman un embrión y no ?como afirma gran parte de los médicos? cuando el embrión ya se implantó en el útero. 


La aserción de la Corte, en el sentido de que “todo método que impida el anidamiento debería ser considerado como abortivo” no es más que un disparate, algo que también preconizan muchas iglesias, entre ellas la Católica, responsable de la difusión de infinidad de errores que ahora están tan arraigados en la mentalidad de la gente que va a insumir muchos siglos enmendar, quizás milenios, y no sin arduo trabajo.
En rigor, ninguna de las opiniones en boga tiene razón porque parten de la falsa premisa de considerar que la vida comienza en el plano físico con un acto del plano físico. La vida es preexistente a cualquier acto humano, de modo que ni la concepción ni la anidación tienen nada que ver con la vida porque no la crean sino que la reciben. Repito: simplemente la reciben. La vida, por lo tanto, no se puede “matar” de ninguna forma. ¿Captás la idea?


La realidad es que el espíritu, y solamente en un 10 %, ingresa al feto varios días después del momento de la concepción, y generalmente a los 20 días ya está incorporado, pero hay excepciones, ya que a veces lo hace a los 50 ó 60 días, supeditado a la conformación correcta del receptáculo. 


Esto quiere decir que ni siquiera una píldora que provocara el aborto a los 50 días, por ejemplo, después de ese momento y dada esta excepción, sería abortiva. Es abortiva una píldora cuando expulsa de la materia al espíritu encarnado (estamos hablando siempre del 10 %, porque el 90 % no encarna y queda en su plano de origen).
Todas las opiniones están basadas también en el desconocimiento de lo que significa la encarnación para un espíritu. El espíritu encarna para aprender las lecciones pendientes y evolucionar. El paso del espíritu por el plano físico es un paso obligado de la evolución, de modo que aquí aparece otro aspecto del problema: no importa que una píldora no sea abortiva en razón de que en “ese momento” el espíritu aún no se ha incorporado a la materia, porque de cualquier forma se está coartando el derecho de ese espíritu a encarnar y evolucionar.


En síntesis, la “píldora del día después”, por un lado, es positiva porque en determinadas ocasiones puede ser muy útil y no es abortiva, ya que cuando produce su efecto “no hay nadie allí” (no sé cómo explicar de forma más sencilla algo tan obvio), pero por el otro es negativa porque coarta la oportunidad a un espíritu para evolucionar (aunque nunca es seguro si evolucionará o involucionará, porque la encarnación es una prueba muy dura y la mayoría fracasan).


¿Cómo se resuelve, entonces, esta cuestión aparentemente tan espinosa? Muy sencillo:  incluyendo en el problema la solución del libre albedrío, pues tanto derecho tiene el espíritu de encarnar para evolucionar como la mujer de no concebir (y hay infinidad de razones válidas para ello).


Esto significa, lisa y llanamente, que la píldora del día después debe ser liberada de toda restricción, permitiendo así a la mujer que la use de acuerdo a su libre albedrío, pero siempre sabiendo que pone en la balanza, por un lado, el hecho de que no es abortiva, y, por el otro, que al usarla está coartando la oportunidad a un espíritu de evolucionar. 
Prohibirle a un ser humano, especialmente en este caso particular, utilizar su libre albedrío, como lo hizo la Corte, es el peor de los crímenes, porque viola el derecho dado por el Absoluto a todos los seres de decidir. Y la magnitud de este crimen se hace más patente cuando se trata de una violación.


Queda obviamente sobreentendido que, antes de decidir su uso, también debe ponerse en el tapete los eventuales efectos secundarios que pueda producir la ingestión de la píldora, ya que, como cualquier droga, siempre conlleva un grado potencial de daño. No se debe, por lo tanto, recurrir a esta píldora como método habitual de anticoncepción, sino como una ayuda en una emergencia para evitar un embarazo no deseado. 
Y esto es todo lo que hay que decir de este tema tan sencillo de resolver y donde hay tanta ignorancia. Bienvenida al Club. Un fuerte abrazo.
 

Horacio Velmont
 

 


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