Electrochoque,
la crueldad en nombre de la terapia.
Estimado profesor Velmont: Soy estudiante
de una Facultad cuyo nombre me reservo por razones personales, en la cual
uno de nuestros profesores es médico psiquiatra y partidario del
electrochoque. Yo le he manifestado mi desacuerdo en forma airada porque
uno de mis parientes quedó muy mal después de su aplicación.
Mi pregunta es si existe algún argumento científico contundente
como para presentárselo a este profesor y apoyar mi opinión
negativa sobre dicho tratamiento. Desde ya le agradezco lo que me pueda
enviar al respecto.
Nélida G.
Respuesta
Estás plenamente en lo cierto
al estar en contra del electrochoque, porque en definitiva no es más
que una lobotomía sin cirugía, aunque de actuación
más lenta, a la cual hay que agregarle el terror producido por las
descargas eléctricas que dejan secuelas irreparables. Los
mismos psiquiatras saben de los nefastos efectos de esta seudo terapia,
pero tenés que tener en cuenta que detrás está el
dinero, siempre el bendito dinero, ya que las aplicaciones se cobran bien.
El electrochoque decididamente viola los derechos humanos al destruir la
mente.
Además del dinero, también
hay otro factor, y es que el electrochoque está de acuerdo con la
teoría psiquiátrica ¾falsa, por supuesto¾ de
que "cordura es adaptación". El electrochoque transforma al hombre
en poco más que un zombie... ¿y quién se adapta más
al mundo que un zombie?
Para probar la falsedad de dicha
premisa basta contemplar al castor que, adaptándose al medio, desde
que apareció en la tierra sigue y seguirá construyendo el
mismo dique. El hombre, en cambio, lejos de adaptarse al medio lo enfrentó
y su resultado son las enormes y majestuosas represas, rascacielos y puentes
que hoy son orgullo de toda la humanidad.
La Psiquiatría nunca le llama
electrochoque al tratamiento, porque esta palabra, a pesar de ser terminológicamente
correcta, tiene una connotación amenazante. De ahí que para
mitigar cualquier reacción negativa la disfraza como “electroterapia”
o “terapia de electroconvulsiones”. Los psiquiatras, por su parte, tampoco
dirán abiertamente que no saben como “funciona” y que no tienen
ningún argumento científico por el cual se puede sostener
que es buena idea destruir células cerebrales.
El procedimiento es rápido
y directo. Al paciente no se le permite comer o beber por cuatro o cinco
horas para prevenir vómitos durante el procedimiento. Una media
hora antes se le suministra una droga, por ejemplo Atropina o Robinol,
que reduce las secreciones bucales. Esto disminuye el riesgo de asfixia
y otras complicaciones que podrían presentarse si el paciente fuera
a tragarse su propia saliva.
Dentaduras, joyas, y ornamentos
en los cabellos son removidos para prevenir heridas durante la convulsión.
La persona es colocada sobre una cama. Cerca de ella hay un equipo
de emergencia, que incluye un “desfibrilador” para darle arranque a un
corazón con eventual paro cardíaco.
Se aplica una jalea sobre las sienes
del paciente para mejorar la conductividad eléctrica y prevenir
quemaduras y se inyecta en las venas anestesia para provocar su inconsciencia
total. Luego le es administrado un relajante muscular causando un paro
virtual de la actividad muscular. Seguidamente es puesto en un respirador
artificial que se desconecta cuando termina el tratamiento y vuelve a respirar
por sus propios medios.
También se le coloca una
mordaza de goma para impedirle que se rompa los dientes o se muerda la
lengua. Una vez colocados los electrodos sobre las sienes se aprieta un
botón enviándose una corriente eléctrica de entre
180 a 460 voltios que chamusca el cerebro de sien a sien (ECT bilateral),
o del frente a la parte de atrás de un lado de la cabeza (ECT unilateral).
Esto crea una convulsión severa de larga duración, que es
idéntica a un ataque epiléptico. En razón de que el
relajante muscular disimula la respuesta normal del cuerpo al electrochoque,
el psiquiatra que lo administra usualmente busca una encorvadura hacia
arriba o movimiento de los dedos del pie para determinar si el electrochoque
"funcionó". Sin este síntoma, se continúan aplicando
los choques eléctricos hasta que se obtiene el efecto deseado.
El procedimiento completo dura entre
cinco y quince minutos y el resultado es inevitablemente daño cerebral.
La onda eléctrica a través del cerebro hace que éste
descargue energía en una forma muy caótica incrementando
el metabolismo a un nivel tan alto que despoja al cerebro de oxígeno
y destruye las células cerebrales con consecuencias tales como falta
de memoria e incapacidad de aprendizaje, así como también
desorientación espacial y temporal.
El electrochoque, te reitero, no
es más que una lobotomía sin cirugía, aunque de actuación
más lenta, a la cual hay que agregarle el terror producido por las
descargas eléctricas que dejan secuelas irreparables.
¿A qué demente puede
habérsele ocurrido que para curar trastornos mentales había
que poner la cabeza en el enchufe, cuando nuestros padres siempre nos advirtieron
del peligro de poner sus dedos en él?
Si te interesa el tema te puedo
enviar gratuitamente por email un informe documentado sobre los efectos
devastadores que causa en el cerebro el electrochoque y las razones económicas
que están detrás de su aplicación. Bienvenida al club.
Un abrazo.
Horacio Velmont