La cuestión
de la infidelidad.
Estimado profesor Velmont: Tengo
30 años, estoy casado y en la plenitud de la vida. Sin embargo,
con mi esposa, que en realidad es una excelente persona, no tengo satisfacción
sexual como debiera, de modo que creyendo hacer lo correcto la busqué
afuera, encontrándola en una joven algo menor que yo, y en ese aspecto
nos llevamos de maravillas. Me siento un hombre feliz, pero siempre existe
la duda de si estoy haciendo lo correcto. Si Dios dio al sexo al hombre
para que lo disfrute, y eso es lo que yo hago, ¿por qué sería
censurable mi conducta?
Esteban C. J.
Respuesta
Apreciado Esteban: Voy a ser muy
crudo al contestarte: estás utilizando al sexo para tapar la verdad.
Las civilizaciones hacen acuerdos para sobrevivir. Estos acuerdos, por
lo general, se encuentran en los códigos penales, que sancionan
a quien hurta, roba, daña, mata, estafa, engaña, etc. El
hombre, para sobrevivir, necesita confiar en sus semejantes. Por lo tanto,
se puede decir que un hombre es confiable en la medida en que cumple la
palabra empeñada. Si tú, al casarte, le juraste fidelidad
a tu mujer, y a la vuelta de la esquina tiras tu palabra empeñada
a la basura, éste es tu pecado, no el sexo, que no tiene nada que
ver. El sexo ha sido dado por Dios al hombre para que lo disfrute, y es
algo realmente maravilloso cuando lo tienes sin violar ninguna promesa
de fidelidad. Esto que te digo no es una evaluación, porque no hay
que juzgar para no ser juzgado, sino que te brindo las pautas para que
tú luego puedas decidir libremente tu conducta. Tú eres tu
único Juez. Bienvenido al Club. Un abrazo,
Horacio Velmont