La civilización
marciana.
Estimado profesor Velmont: Creo
que uno de los enigmas que siempre se encuentran en el tapete, y los diarios
y revistas tratan a menudo, es el de la vida en Marte. Desde el punto de
vista científico se habla de vida en este planeta, pero no va más
allá de los microorganismos. ¿Su Grupo tiene algún
otro dato al respecto? Naturalmente me refiero a si existe alguna civilización
como en la Tierra. Le agradeceré una respuesta.
Amalia T.
Respuesta
Apreciada Amalia: Los datos que
tenemos sobre Marte nos han sido transmitidos por nuestros Maestros y por
eso podemos decirte con toda certeza que la civilización marciana
existe. Se trata de una civilización muchísimo más
antigua que la terrestre, pero que fue diezmada por diversas enfermedades.
Actualmente queda sólo un 10 % de ella (alrededor de dos millones
de seres), que no viven en la superficie sino en enormes cavernas. En nuestro
planeta también hay habitantes en enormes cavernas cuyas entradas
se encuentran en los Polos: No hay ninguna civilización
en el centro de la Tierra, como algunos sostienen, ya que en el centro
de ella hay hierro líquido, y en esto la ciencia ha acertado.
Por otra parte, es de sentido común que ninguna civilización
podría vivir en el centro de ningún planeta porque el aire
mismo sería irrespirable. Esto es tan obvio que no hay necesidad
de ninguna explicación adicional. Esas cavernas se extienden hasta
algunos kilómetros y si se comparara a la Tierra o Marte con una
naranja, la profundidad apenas equivaldría a un pequeñísimo
raspón. Los marcianos han desactivado muchas sondas terrestres y
otras fallaron por la propia ineficiencia de nuestras máquinas,
a las que todavía les falta mucha tecnología para que funcionen
a la perfección. En tiempos lejanos los marcianos estuvieron en
contacto con los terrestres (se trasladaban obviamente en naves espaciales),
pero dejaron de venir porque se trata de una civilización que tiende
a lo espiritual y no tienen ningún interés con nosotros.
Nos consideran vecinos indeseables, y obviamente con bastante razón,
ya que si bien estamos muy avanzados tecnológicamente en lo espiritual
estamos muy estancados. Los avances materiales, en definitiva, cuando no
están al servicio de la evolución del espíritu y van
más allá de lo necesario, provocan el colapso de la raza.
Los marcianos saben que tarde o temprano los terrestres se posarán
en Marte y por ello están preparándose para emigrar a otro
planeta (esta emigración es algo común en el Cosmos, especialmente
cuando existen "vecinos indeseables"). Todos los pueblos de la Tierra que
han desaparecido sin dejar rastros fueron llevados por extraterrestres
a otros planetas, a veces forzadamente y otras veces por voluntad propia.
La famosa desaparición de los colonos de Roanoke, por ejemplo, se
debió a que fueron llevados por extraterrestres a otro planeta deshabitado
para colonizarlo. Los tripulantes del recordado Vuelo 19, que desaparecieron
en el Triángulo de las Bermudas, también fueron llevados
a otro planeta (en este caso perteneciente a la estrella Betelgeuse). Entre
los personajes conocidos que fueron llevados a otros planetas se encuentran
la célebre aviadora Amelia Earhart y Antoine de Saint Exupéry,
el famoso autor de El Principito. Los marcianos serán transportados
a la estrella Barnard, donde hay dos planetas con pocos habitantes que
han aceptado con beneplácito el traslado de la colonia marciana.
De más está decir que cuanto los norteamericanos lleguen
a Marte, apenas si encontrarán vestigios de que allí hubo
una civilización y entonces comenzará un nuevo rompecabezas
para los científicos (cabe presumir que los marcianos se darán
un gusto con esto). También se están preparando para mudarse
los habitantes de Titán y Ganímedes (satélites de
Júpiter). Con respecto a los famosos canales marcianos, no existen,
pero sí hay agua en Marte. Cuando hace eones los marcianos vivían
en el exterior, el agua corría por enormes tubos (artificiales,
obviamente), pero como se encontraban bajo la superficie, jamás
podrían haber sido vistos desde la Tierra. Bienvenida al Club. Un
abrazo,
Horacio Velmont