Donde comienza el
Estado, allí termina el hombre.
El casarse es
terminar una serie de pequeñas tonterías con una gran estupidez.
El gran estilo nace
cuando lo bello obtiene la victoria sobre lo enorme.
El hombre es, para
la mujer, un medio: el fin es siempre el hijo.
El verdadero hombre
quiere dos cosas: el peligro y el juego. Por eso ama a la mujer, el juguete
más peligroso.
Las calumnias son
enfermedades de los demás que se declaran en nuestro cuerpo.
En el verdadero
amor; el alma oculta al cuerpo.
Hay
muchas cosas que no quiero saber. La sabiduría marca límites hasta al
conocimiento.
La
pasión no sabe esperar. Lo trágico de la vida de los hombres estriba
frecuentemente en no saber esperar.
Las
convicciones son más peligrosos enemigos de la verdad que las mentiras.
Lo
que me preocupa no es que me hayas mentido, sino que de ahora en
adelante, ya no podré creer en ti.
Los
grandes intelectos son escépticos.
Quien no pueda mandarse a sí
mismo debe obedecer.
Quien
quiera tener un amigo también debe querer hacer la guerra por él; y para
hacer la guerra hay que saber ser enemigo.
Sólo
debéis tener enemigos dignos de odio, pero no enemigos dignos de
desprecio. Tenéis que estar orgullosos de vuestro enemigo.
Sólo
hasta un cierto grado la propiedad hace al hombre más independiente y
libre; pero en un grado más la propiedad se convierte en amo y el
propietario en esclavo.
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