Ortega y Gasset, José
(1883-1955) Literato y filósofo español, n. Madrid
Amar
algo no es simplemente "estar", sino actuar hacia lo amado.
Casi
todos los que hablan como un hecho indiscutible de la decadencia de Europa,
o son políticos, o artistas, o aristócratas. Justamente las tres cosas
que están en decadencia.
Ciencia
es aquello sobre lo cual cabe siempre discusión.
Dime
como te diviertes y te diré qué eres.
El
nihilista, no estimándose a sí mismo, sintiéndose incapaz, busca
compensación aniquilando los valores del mundo.
El
programa de la vida feliz apenas ha variado a lo largo de la vida humana.
El
progreso no consiste en aniquilar hoy el ayer, sino, al revés, en
conservar aquella esencia del ayer que tuvo la virtud de crear ese hoy
mejor.
El
que no puede lo que quiere, quiere lo que puede.
El
revolucionario no se rebela contra los abusos, sino contra los usos.
El
río se abre un cauce y luego el cauce esclaviza al río.
El
vanidoso necesita de los demás, busca en ellos la confirmación de la idea
que quiere tener de sí mismo.
El
"buen gusto" como norma equivale a una amonestación para que
neguemos nuestro sincero gusto y lo sustituyamos por otro que no es el
nuestro, pero que es "bueno"
Hay
quien ha venido al mundo para enamorarse de una sola mujer y,
consecuentemente, no es probable que tropiece con ella.
Individual
y colectiva, la juventud necesita creerse, a priori, superior. Claro que se
equivoca, pero éste es precisamente el gran derecho de la juventud:
equivocarse impunemente.
La
diferencia entre el inteligente y el tonto consiste el que aquél vive en
guardia contra sus propias tonterías, al paso que el tonto se entrega a
ellas encantado y sin reservas.
La
fidelidad es la confianza erigida en norma.
La
personalidad de la mujer es poco personal, o dicho de otra manera: la mujer
es más un género que un individuo.
La
técnica es el esfuerzo para ahorrar esfuerzo.
Las
playas son los lugares femeninos de las costas, como los promontorios
simbolizan su masculinidad.
Lo
que hace magníficos a los pueblos no es principalmente la altura de sus
hombres grandes, sino la de sus innumerables mediocres.
Lo
que más vale en el hombre es su capacidad de insatisfacción.
Los
hombres más capaces de pensar sobre el amor son los que menos lo han
vivido; y los que han vivido suelen ser incapaces de meditar sobre él.
No
es lo que hicimos ayer, sino lo que vamos a hacer en el futuro es lo que
reúne alrededor de lo que se llama Estado.
Nuestras
convicciones más arriesgadas, más indubitables, son las más sospechosas.
Ellas constituyen nuestro límite, nuestros confines, nuestra prisión.
Siempre
que enseñes, enseña a la vez a dudar de lo que enseñas.
Todas
las filosofías cínicas han hecho su entrada en la sociedad arropándose
con los guiñapos de la franqueza
Todo
el que ha conocido algún gran hombre se ha sorprendido de hallar que su
alma poseía un halo de puerilidad.
Tras
ciento cincuenta años de halago a las masas sociales, sabe a blasfemia
afirmar que si imaginamos ausente del mundo un puñado de personalidades
escogidas, apestaría el planeta de necedad y egoísmo.
Un
pueblo no sólo ha de saber vencer, sino también ser vencido. Manifiesta
cierta pobreza de espíritu no estar dispuesto a ver en la derrota una de
las caras que puede tomar la vida.
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