Aunque
seas casto como el hielo y puro como la nieve, no por ello escaparás de la
calumnia.
Aunque
tropieces no desistas de tu propósito.
El
cielo nunca ayuda al hombre que no quiere obrar.
El
hombre que no tiene música en sí y a quien no conmueve el acorde de los
sonidos armoniosos, es capaz de toda clase de traiciones, estratagemas y
depravaciones.
El
que gusta de ser adulado es digno del adulador.
En
amistad y en amor somos a menudo más felices por la ignorancia que por el
conocimiento.
En
nuestros locos intentos renunciamos a lo que tenemos por lo que deseamos
tener.
Fuertes
razones hacen fuertes acciones.
Hay
caídas que nos sirven para levantarnos más felices.
La
audacia da a veces frutos que los cálculos más profundos no pueden
conseguir.
La
brevedad es el espíritu del ingenio.
La
belleza, sin necesidad de avaladores,`persuade por sí misma los ojos de
los hombres.
La conciencia no es más que una palabra que emplean los cobardes para
atemorizar a los valientes.
La
conciencia es la voz del alma; las pasiones, la del cuerpo.
La
envidia es de una esencia tan aérea que no es más que la sombra de una
sombra.
La
juventud, aun cuando nadie la combata, halla en sí misma su propio
enemigo.
La
mujer es un manjar digno de los dioses; pero a veces lo guisa el diablo.
La
verdad es mas extraña que la ficción.
Sabemos
lo que somos, pero no lo que podemos ser.
Sé
leal a tu propia persona, y lo mismo que la noche sigue al día no podrás
ser ya desleal a nadie.
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