humildad. Son percepciones que mejoran
el campo emocional del ser humano.
Por otra parte, si la persona tiene
un problema de salud localizado, debe saber que curando su campo emocional
puede llegar a sanar su parte física y psicológica.
Y una persona sin problemas psicosomáticos
está más predispuesta a aceptar el hermoso desafío
que significa comenzar a caminar el sendero hacia la Luz del Padre.
Claro que hay que tener en cuenta
que ese camino, que lleva hacia la evolución espiritual, no es para
nada sencillo.
Heredamos del Padre las dos cosas
más valiosas que existen: su inmenso Amor y el Libre Albedrío.
La complicación aparece porque muchos se aprovechan de esa libertad
para causar daño a sus semejantes.
Y no saben
que el Universo es un espejo: todo lo que la persona haga, tanto en acto
como en pensamiento, retorna a la fuente de origen. O sea, el que siembra
mal, cosecha mal. Pero aquel que vive brindándose a sus semejantes
y goza haciendo el bien, debe saber que esa Luz vuelve hacia él.
Por otro lado,
el ser humano tiene dos protecciones de lujo: un espíritu guía
y un ángel de la guarda. Lo van a proteger, no solo contra accidentes
físicos, sino también contra sus propias emociones, porque
muchas de las enfermedades pueden ser el resultado de bloqueos en la parte
física, causados por las emociones.
La clave está
en tratar el campo emocional.
Es cierto
que a veces no se pueden dominar los sentimientos emotivos, pero pueden
unirse al aspecto espiritual y al intelectual. De esa manera, el ser humano
estará equilibrado y podrá conectarse con su Yo Superior.
Para llegar
a esa meta, el “corazón” no deberá atarse a ninguna situación,
porque si éste se apega, se perderá la habilidad de ayudar
y la emoción volverá a ganar terreno.
La religión,
tal como se la enseña actualmente, no tiene mucho que ver con el
verdadero camino espiritual. La genuina religión se puede
encontrar en el interior de las personas, no en templos que llegan a limitar
el sentir de la gente.
La religión
mal entendida enseña la ley y no el amor. Los feligreses necesitan
que les enseñen el camino hacia la Luz con sensibilidad y eso no
lo puede hacer ninguna ley, solo el amor. Los dogmas, las costumbres y
las tradiciones realizadas en forma automática intentan suplantar
el verdadero