El ser encarnando no lo entiende,
porque vive quejándose de sus carencias a cada segundo, y
lo que para algunos puede ser una paradoja increíble, el dolor no
deja de ser un aprendizaje, porque del sufrimiento se aprende.
En el plano físico, hay un
autor que dijo: “Cada uno viene con la cantidad justa de litros de lágrimas
para cada encarnación”. El dolor, entonces, le desprende al ser
humano esas gotas, hasta que se queda sin nada que verter.
Cuando al final se seca de lágrimas,
no significa que haya caído abatido, sino que ya aprendió
la lección por la que ha encarnado. Una vez que aprendió
ese camino espiritual, por una función automática de
toma de conciencia, ese camino ya no le trae más dolor personal.
Solo le queda el dolor resultante de su evolución espiritual, el
dolor por el sufrimiento de un semejante.
Interlocutor: Concretando, entonces,
la cuestión. En ustedes, como seres de alta vibración,
es normal cierta religiosidad...
Johnakan: La alabanza no es religiosidad.
Interlocutor: ¿Pero tanta
alabanza no es un poco emocional?
Johnakan: El amor es emocional.
Pero no confundir esa emoción sublime con las emociones negativas
comunes del plano físico, donde está lo pasional.
Esas emociones negativas como la
ira, la envidia, el odio y otros tantos sentimientos equivocados, solo
hacen crecer el ego. Pero lo emocional está también en lo
que ustedes llaman el amor impersonal y ésa es
una emoción positiva, como la misericordia, la caridad, la compasión,
etc.
Te doy un ejemplo de mi vida anterior,
como Juan Zebedeo. Me encontraba marchando con mi amado Maestro
y los demás apóstoles. Una multitud nos seguía.
En un momento dado, alguien se le
acercó por detrás a mi Maestro y le tocó el borde
del manto. Era una mujer desvalida, que padecía de flujo de sangre
desde hacía doce años y ningún médico la había
podido curar a pesar de haber gastado en ellos todo su dinero. En ese momento,
mi Maestro preguntó: “¿Quién es el que me ha tocado?“.
Y entonces Pedro le respondió: “Maestro, en tan grande apretujamiento
es imposible saber si te tocaron o fue casual”.
Mi amado Maestro miró a Pedro
y exclamó: “Sé que alguien me ha tocado porque sentí
que una energía salió de mí”.
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