MAESTROS
Cuántas veces
hemos tenido la sensación de estar solos en nuestro camino, en nuestro
viaje, y cuantas veces hemos echado de menos al maestro para preguntarle
tantas y tantas cosas... o simplemente para llorar, porque estábamos
cansados y nos sentíamos perdidos.
Cuántas veces nos dijeron,
cuántas leímos que no estamos preparados, que cuando el discípulo
está listo aparece le maestro, pero no es cierto del todo esa afirmación,
¡claro que el neófito tiene que prepararse! Pero hay una premisa
esencial que es echarle de menos con toda tu alma y querer tenerlo a tu
lado con todo tu corazón. Hay otra condición, que tengas
muy claro, que lo que tratan de enseñarte es mentira y que
el mundo que te rodea no es así.
Acaso nos preguntamos ¿los
maestros ya no andan entre nosotros? ¿Se acabaron y tenemos que
caminar solos sin ayuda, sin guía? La buena noticia es que siguen
aquí con nosotros; y vosotros pensareis: ¡anda mira esta!
ya lo sabíamos; sí está Swami no sé qué,
Gurú no sé cuanto, la encarnación viviente de Dios,
Sai del más allá.
No, yo no hablo de estos guías,
no hablo de maestros con túnicas y turbantes, ni maestros en Rolls
y en palacios, yo hablo del MAESTRO, del Maestro que tiene la misión
de guiar a uno o dos discípulos, de ése hablo, del Maestro
Interior que se encarnó físicamente, del Maestro que no tiene
escuela, ni multitud de adeptos, ni falta que le hace.
Pues sí, hermanos míos,
los maestros aún están con nosotros y... ¿cómo
son? Pues gente normal de carne y hueso, gente con la que te puedes cruzar
por la calle y no verla pero que algo te dice en tu interior; que puede
parecerse a un actor o al panadero de la esquina, pero sus ojos lo dicen
todo, personas que escriben libros o que simplemente te enseñan;
Que huyen de las alabanzas de las masas y de las grandes convenciones.
Maestros que jamás te
pedirán obediencia, a los que nunca les llamarás Maestros
(porque no te das cuenta que lo son), Maestros llenos de amor y de paciencia
infinita, que hacen el camino contigo aunque él esté más
allá de las estrellas, que cuando eres ciego y sordo y no te enteras
de nada sólo se permiten pensar en arameo. Que cuando metes la pata
no dicen: “ves ya te lo dije” pero cuando triunfas en algo sí dicen:
“ya te decía yo que podías ¡ves que fácil!”.
Maestros que te insinúan:
“va siendo hora que cruces esa puerta” y tú que siempre dudas y
todo lo ves difícil dices.”No, ni hablar que duele y tengo miedo”
y él te mira con toda la comprensión del mundo y dice: Bueno
como quieras ya lo harás, hoy estás cansada, y tú
que eres rebelde hasta la médula y que sabes que si no es ahora,
nunca será; dices: “voy, ahora lo hago”; y cruzas esa puerta, no
antes sin volver a mirar atrás, y ahí está él,
sonriéndote y dándote confianza.
Maestro que te habla en un
idioma que entiendes, Maestro que jamás te mentirá, que te
hace ver la vida de otra manera, que no desespera ante tu pataleta, que
el día que apareció ante ti, te dijo: “oye que te olvidaste
los zapatos de sor...” o “que te dejaste el pan olvidado”. Maestro que
respetará tu libertad hasta el infinito; si dices que no es no,
aunque para él suponga estar otros mil años más esperando
por ti. Maestro que un día te dice: “ya eres mayor de edad” y empieza
a tratarte de otra manera y tú, alucinas de lo serio que está,
y te das cuenta que todo lo que te dijo anteriormente tenía sentido.
Maestro al que coges de la mano fuertemente, por que te tiemblan las piernas
y te conduce por dimensiones desconocidas. Maestro que pone en tu camino
a las personas adecuadas para tu iniciación, y cuando el día
se acerca, te sientes la más sola de las personas porque no hay
multitudes que te acompañen, y piensas: “me dejo sola”, “fíjate
ni siquiera tengo un templo para ello”, pero vas a esa iniciación,
aún sin saber lo que te espera, llena de temor y cuando todo pasó
y vuelves a casa, tú, que además hace tres meses que no le
ves, te encuentras con una carta que te dice: “querida niña, bienvenida
a tu mayoría de edad. Cómo te sentiste sola, cuando
fuiste la mujer más acompañada... nosotros también...”
y lloras de alegría, de emoción y desconcierto, ¿cómo
lo sabia él? Fijaros ni así te das cuenta que todo fue preparado
por él, y cuando caes en la cuenta sigues leyendo y te dice: “en
tu trabajo y en tu caminar toda una corte celestial te acompaña,
no lo olvides”. Y cuando le vuelves a ver, se te atropellan las palabras
y le abrazas y quieres contárselo todo y le miras y notas un cambio
en él -que no es cierto-, es tu cambio, pero aún no lo sabes,
le ves con otra seriedad y un respeto distinto, entonces te acuerdas que
un día le dijiste “¡anda, por qué no viniste antes!”
Y sonriéndote te contesta: “yo siempre estuve aquí, quien
no había venido, eras tú”. Ahora al recordarlo te entra la
risa por lo cierto que es. Maestro con el que seguirás enfadándote,
porque te vuelve loca, y le dices: “¡anda déjame en paz!”.
Maestro al que le haces mil y una preguntas, una y otra vez.
Maestro que jamás te
dice Fulanito es malísimo porque él es todo bondad. Maestro
al que a veces tú quieres proteger, por que ves en sus ojos todo
el dolor que siente por el mundo.
Maestro que te respeta tanto
que si un día le dices: “no vuelvas más”; no volverás
a verlo. Maestro al que debes todo aunque él te diga que todo el
mérito es tuyo. Maestro, tu amigo ¡qué diferente de
los otros! ¡Verdad!
Maestro al que nunca podrás
agradecer todo lo que hizo por ti.
Que por amor a él sólo
puedes decir “Maestro es aquel que enseña respetando tu libertad”
Mi Maestro.
¿No os preguntéis
dónde está o quién es? Porque no merece la pena, es
sólo, un Maestro.
RECORDAD QUERIDOS BUSCADORES,
EL MAESTRO ESTÁ ESPERANDO POR VOSOTROS, A QUE SALGÁIS A
SU ENCUENTRO
Con amor, buscadores.
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