A vosotros,
buscadores:
Si he de ser sincera no sé
cuando empezó todo esto, pues parece que llevo toda una eternidad
caminando y no se puede decir que no sé a donde voy; porque tanto
Antonia, como mi esposo y yo, tenemos muy claro a donde vamos y cual es
nuestra meta. Pero digo que no sé cuando empezó, pues todo
cambió en aquel segundo encuentro entre Antonia y yo, hace ya 7
años.
A fuerza de echar abajo esquemas
y levantar otros, estamos ahora aquí, en este punto del camino que
nos lleva a una de esas encrucijadas que aunque tengan varias salidas,
sólo hay una posible. Ahí estamos, tirando para adelante
en la consecución de un sueño, aunque no sea muy correcto
llamarlo así. ¿Os preguntareis cuál es ese sueño?
No es otro que la liberación -como decimos entre nosotros, la vuelta
a la casa del Padre; no sé cómo tuvimos la infeliz idea de
salir de ella un día y meternos perdidamente en este berenjenal
de cual debemos salir con calma, pero sin pausa-.
Si escribo esto, aparte de
seguir un anhelo que llevo callando hace tiempo, es para poner en
claro todas las confusiones que hay en este mundo del esoterismo y la espiritualidad.
Mil y una escuelas, mil y un
maestros, todos dicen cosas distintas y el observador desde afuera se pregunta:
¿Pero entonces cuál es la verdad?
Mil una modas que se lanzan
y se siguen como verdades absolutas y algunas son tan viejas como el mismo
tiempo. Perdiéndose casi en el olvido las enseñanzas de los
grandes maestros y de los avataras. No me voy a meter en las intenciones
de la las escuelas, que algunas son muy loables, pero como en todas, hay
un momento que el discípulo debe saltar y volar solo, para salir
al encuentro de su propio destino. Es para aquellos a quienes dedico esto.
Alguien dijo: en toda escuela,
en todo movimiento, siempre hay una trampa que el buscador sincero tiene
que descubrir y superar.
En este mundo lo que prima
es el lenguaje rebuscado y obscurantista, cuanto más difícil,
mejor parece y, sin embargo, es todo tan sencillo que no lo vemos; otros
lo ponen todo como un cuento de hadas donde la mente flota en un sueño
maravilloso, pero esto al caminante sincero, no le sirve, la realidad es
otra.
Empecemos por explicar qué
es el esoterismo. No es nada más que el camino interior, así
de fácil, nada más y nada menos por eso se llama esoterismo
(oculto) palabra de origen griego, oculto porque está dentro.
Otra cosa mal interpretada
es la magia ¿qué es? Ojos de tritón, lengua de víbora,
diente de dragón, cola de lagartija, raíz de mandrágora,
todo eso está muy bien para las películas, pero la magia
son los actos cotidianos de nuestras vidas. El aire que respiramos, el
amor que sentimos, las puestas de sol que vemos, todo aquello que nos hace
vibrar. Eso es magia, Alta Magia, el principio de la gran Magia. ¿Para
qué nos valen todas las invocaciones y grimorios del mundo, si estamos
desconectados de todo lo cotidiano?
¡Qué importantes
nos sentimos, al pronunciar en latín o lenguas desconocidas! ¡Cuanto
vuelo nos da! Qué grandes nos vemos con el título colgado
en la pared, que dice: “superados los cursos y enseñanzas
de la escuela tal” y firmado rimbombantemente.
No he conocido a nadie válido
que sea así, no he conocido a ningún maestro con medallas
en las chaquetas. Qué importantes nos sentimos cuando decimos: ¡Oye
hice el curso tal! Que me costo tanto y no veas, ¡Fabuloso! ¡Que
maestro maravilloso! Y se nos olvidó que la trasmisión de
la tradición y las enseñanzas esotéricas se hace de
boca a oído. Que cuesta, ya lo creo, muchísimo, su valor
es tan grande que no hay dinero en el mundo que lo pague. Es tan elevado
que a veces no podemos pagarlo, no es nada más y nada menos que
el esfuerzo y el seguir sin desaliento. ¡El título cual, es
para tu pared interior! Es, asómbrate: ¡EL DESPERTAR!
¡Fulanito de tal está
despierto!. Todas las trompetas del universo que suenen por él,
y recuerden que aunque la mentira se disfrace con el vestido de la
verdad, la verdad es sólo una.
Con gran amor a los buscadores
sinceros.
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